Salimos de Cochabamba rumbo a Sucre a las 21,30. Noche en un autobús cómodo, aquí lo llaman leíto, pero con la mécánica en la UVI. Paradas interminables para solucionar problemas se sucedieron hasta el amanecer. Sucre, tras 11 horas de traqueteo, nos recibió indiferente. La primera impresión que recibimos de su terminal de autobuses nos hizo creer que nos habíamos equivocado. Nos costó creer que estábamos en la capital del país.
Estatua del general Sucre































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