miércoles, 27 de marzo de 2019

Etapa 6. Salta

Etapa 6. Salta

Con la visita al salar de Uyuni damos por finalizada nuestra estancia en Bolivia. Esa misma tarde tomamos un autobús nocturno hacia Villazón con el fin de dirigirnos a la mañana siguiente a la frontera argentina de La Quiaca. Lo que contemplábamos como una operación de mero trámite se convirtió en un ejercicio de paciencia primero y de indignación después. Al parecer no funcionaba el sistema informático y no había forma de arreglarlo. Eso significaba la realización a mano del proceso de salida de Bolivia y entrada en Argentina. Después de más de tres horas conseguimos nuestro objetivo y pudimos "embarcar" en un autobús hacia Salta. 
   La verdad es que, dentro de la penosa situación vivida en la frontera, tuvimos la suerte de conocer a Margarita, maestra jubilada argentina que nos ofreció por esa noche alojamiento en un par de habitaciones vacías en el domicilio salteño. Nos resolvió una papeleta complicada.


VISITA A CAFAYATE
   El martes día 26 realizamos una visita a CAFAYATE con el doble objetivo de conocer esa ciudad situada a190 kms al sur de Salta y, por mi parte, encontrarme a 10.000 kms de distancia con el padre J. Demetrio, obispo actual de Cafayate y originario de Los Cerralbos, mi pueblo.
    El viaje dura casi cuatro horas porque el autobús circula muy lento en muchos tramos debido a lo accidentado de la carretera y a que además realiza innumerables paradas para dejar y coger viajeros.
    La ciudad es una población de apenas 20.000 habitantes, ordenada con la tradicional configuración colonial de cuadrículas o cuadras, con edificios de poca altura, por lo que su superficie es bastante extensa.
    Al llegar a la plaza principal nos dirigimos hacia la casa episcopal, aneja a la catedral. Se trata de una vivienda austera y yo diría que humilde dado el rango que ostenta su inquilino. Tras los saludos y comentarios de rigor, sin demasiados preámbulos, nos encaramamos en su ya castigada "pick up" e iniciamos con tan insigne guía una ruta turística y cultural por Cafayate y sus alrededores. La verdad es que su ubicación en uno de los llamados valles Calchaquíes resulta privilegiada, flanqueada por dos sierras que la protegen de los vientos y garantizan unas temperaturas siempre agradables.
  La ciudad en sí no posee atractivos urbanísticos ni culturales de relevancia, pero pretende abrirse al turismo a partir de su intensa e incesante actividad vitivinícola. El valle ofrece un panorama bello a la vista y sugerente por la proliferación de enormes extensiones de viñedo que nutren de mosto las docenas de bodegas, algunas ya antiguas pero en su mayoría más recientes, que lo han convertido en una de las zonas importantes de producción de vinos en Argentina, tanto por volumen como por calidad. De esto último podemos dar fe.
    Antes del almuerzo, generosamente ofrecido por una familia de veteranos bodegueros con padres españoles, habíamos visitado el yacimiento arqueológico de la ciudad sagrada de Quilmes, cuyo pueblo fue el último de esta zona en ser sometido por los conquistadores ya avanzado el siglo XVII.
   Para mí, a pesar de lo oneroso del viaje de ida y vuelta, fue una jornada muy agradable y provechosa, tanto en el plano "turístico" como en el sentimental.












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