Día 8 de marzo
Madrugón a las 5 tras no haber pegado ojo en las escasas horas que ocupamos la cama del hotel de concentración. Nos esperaba una agotadora jornada de vuelos que en su segunda mitad se alargaaaaba hasta hacerse interminable.
Al fin Bogotá acabó recibiéndonos con una mañana más gris que clara, una temperatura agradable y unos índices de contaminación y trasiego más que notables.
Apenas hemos dispuesto de unas pocas horas para recorrer las abarrotadas calles de La Candelaria, su barrio más popular y que en algunos de sus rincones conserva aún el sabor colonial de pasados esplendores. Pero el auténtico lujo de esas horas de breve estancia en la capital colombiana ha sido disfrutar de los que sin duda son dos de sus museos más emblemáticos: el Museo del Oro y el de Fernando Botero. El primero recoge una increíble muestra de impresionantes piezas, por supuesto de oro (aunque altarnando con algún ejemplar en cerámica), cuya función fue meramente artística, ornamental o ceremonial y pertenecientes a las diversas civilizaciones y culturas precolombinas.
El segundo, además de albergar obras de la práctica totalidad de ismos, del siglo XX, desde el impresionismo hasta el surrealismo, expone una importante muestra de la obra del universal artista colombiano, si bien se limita a su parcela pictórica. Os enviamos unas pinceladas.


Inconfundibles las imágenes de BOTERO.
ResponderEliminarEn MADRID, al aire libre, tuvimos una buena muestra de sus esculturas.
Entiendo que aún no han acabado los vuelos y que las caminatas vendrán con LA PAZ.
ResponderEliminarOs deseo que disfruté mucho de esta nueva aventura y que compartais con nosotros vuestras experiencias, esas buenas cosas que, sin duda, os ocurriran en vuestro viaje. Ánimo.
ResponderEliminardisfrutéis
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