Mi pueblo se llama Los Cerralbos y pertenece a la provincia de Toledo. Es un pequeño municipio con apenas 400 habitantes del que me sacaron con ocho años recién cumplidos para instalarme en una de las ciudades emergentes que a mediados de los sesenta iban configurando el cinturón industrial del sur de Madrid. Éramos una más de los miles de familias que decidieron dejar sus pueblos en Andalucia, Extremadura o Castilla para convertirse en emigrantes en busca de una vida mejor y "un futuro" para los hijos.
Ahora, dentro de unos días, emprenderé junto a mis compañeros Manolo y Julián una aventura muy distinta, pero con algunas semejanzas en relación con las inquietudes y emociones que me provoca. Vamos a recorrer, a la inversa, el camino que otros emigrantes del siglo XXI escogen en la actualidad con los mismos motivos que impulsaron a mis padres hace más de cincuenta años... con la diferencia fundamental de que nosotros lo hacemos por placer y ellos siguen haciéndolo por necesidad. Pero en el fondo el viaje parece una actividad inherente al ser humano en todas las etapas de su historia. Así pues, desde ese punto de vista, lo que estamos a punto de iniciar no otra cosa que la respuesta a ese impulso ancestral de la humanidad a la itinerancia y al contacto con otros pueblos, otras culturas, otros paisajes...
Con esta reflexión solo pretendo presentarme e invitar a quienes deseen saber de nosotros a dedicar un rato, de vez en cuando, a viajar por estas páginas.
Manuel:
Para ser breve
en mi presentación, diré que mi historia es muy parecida a la de Jesús con la
diferencia de que la salida de mi tierra la hice acompañado de mi mujer. Getafe
nos acogió durante 23 años. Allí nacieron mis hijos y allí aprendí ese bonito
oficio de la enseñanza, hice amigos y, cuando mi tierra y mi familia tiraron de
mí, me divorcié de Madrid. La Extremadura que me encontré no se parecía en nada
a la que años atrás dije adiós. Desde mi vuelta, sigo redescubriendo mi tierra.
El recorrido
que iniciamos por tierras sudamericanas será, sin duda, una aventura apasionante
que contaremos a nuestros nietos. Jesús se ha puesto en manos de dos extremeños
que tienen un sentimiento de amor
cercano con las tierras al otro lado del charco. Volveremos con las maletas
repletas de historias, personajes y situaciones alejadas de nuestra rutina
diaria.
Buen Viaje amigos!
ResponderEliminarSeguro que disfrutaréis y aprenderéis de la buena gente.Muchos cenutrios (que todos conocemos) deberían viajar y conocer gente a pie de calle para cambiar su erratico concepto de la humanidad.
Errático...(el jodío corrector)
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